22 de julio de 2014




Cantar de los Cantares 3,1-4a. 





Así habla la esposa: 
En mi lecho, durante la noche, busqué al amado de mi alma. ¡Lo busqué y no lo encontré! 
Me levantaré y recorreré la ciudad; por las calles y las plazas, buscaré al amado de mi alma. ¡Lo busqué y no lo encontré! 
Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad: "¿Han visto al amado de mi alma?". 
Apenas los había pasado, encontré al amado de mi alma.






Salmo 63(62),2.3-4.5-6.8-9. 




Señor, tú eres mi Dios, 
yo te busco ardientemente; 
mi alma tiene sed de ti, 
por ti suspira mi carne 
como tierra sedienta, reseca y sin agua.

Sí, yo te contemplé en el Santuario 
para ver tu poder y tu gloria.
Porque tu amor vale más que la vida, 
mis labios te alabarán.

Así te bendeciré mientras viva 
y alzaré mis manos en tu Nombre.
Mi alma quedará saciada 
como con un manjar delicioso, 
y mi boca te alabará 
con júbilo en los labios.

Veo que has sido mi ayuda 
y soy feliz a la sombra de tus alas.
Mi alma está unida a ti, 
tu mano me sostiene.









Evangelio según San Juan 20,1-2.11-18. 




El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. 
Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". 
María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro 
y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. 
Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". 
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. 
Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo". 
Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!". 
Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'". 
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras. 

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